(15) Perno y balasto

Pobres guijarros. Miro hacia abajo y pienso en esa capa de pequeñas piedras que se extiende como un manto por debajo de la vía. Casi puedo sentir su soledad a pesar de que el propio sustantivo denota conjunto. Es como si les hubiesen robado la identidad, ya que el singular tiene apenas acepción específica. Canto, guijarro, roca, fragmento rocoso. Pero generalmente se refieren al conjunto de piedras, balasto lo llaman. Esos pobres trozos de granito tienen la misión de permanecer ahí, impasibles y apiñados, digamos que “haciendo bulto y absorbiendo impactos”. El granito es un material sólido pero flexible, que absorbe muy bien tanto las vibraciones como el agua, permitiendo dar estabilidad al trazado y evitando que se produzcan charcos peligrosos. A su alrededor trozos de vidrio de botellas rotas, papeles de periódicos amarillos que han atravesado el tiempo, latas de refrescos, bocadillos o balones que algún niño perdió para siempre. A menudo crece en el balasto una serie de hierbas o flores, de aspecto seco pero vivas, que se cuelan entre los resquicios de una forma increíble y, no se sabe bien cómo, consiguen que desde las raíces enterradas en granito surja vida hacia el exterior.

 

Se dice que nosotros, los pernos, provenimos del balasto. Una vez escuché que hubo una época en la que no existían los pernos, que tras largas luchas algunos de aquellos trozos de roca consiguieron que se les diese importancia y ascendieron para anclarse a la vía. En mi opinión es mera fantasía, nadie podría creerse que nosotros, con la exacta finura de la producción en serie del metal, podamos estar emparentados con esos simples trozos de piedra. Nosotros tenemos una misión importante, “unir los rieles de la vía”, evitando que se suelten y asegurando así que el fluir del trayecto continúe.

 

En realidad me produce mucha lástima cuando veo sus expresiones grisáceas y apáticas en la nada, como queriendo moverse sin lograr hacerlo. Casi hasta veo cierta mirada de suficiencia hacia ellos desde aquí, como de soslayo. Algunos dicen que no tenemos tiempo de prestarles atención, pues a nosotros también nos impacta la vida, nos llena de herrumbre, nos afloja y envejece, hasta que finalmente nos retiran. Y desde arriba nos aconsejan que nos dediquemos a lo nuestro, no hay recursos para ayudarles y se debieran conformar con su misión y sus flores secas, esas que brotan increíblemente de la nada. Nos aconsejan que apretemos fuerte mientras podamos y nos centremos en la trascendental tarea de fijar la vía por la que circula el fluir del mundo.

 

Reconozco que vivo en una especie de amodorrado trance, apretando fuerte, orgulloso de lo importante que soy para que avance el tren, para que todo siga adelante como hasta ahora. No puedo perder el tiempo mirando hacia abajo, perdería ocasión de mirar hacia arriba. Porque quién sabe, si me esfuerzo mucho y me mantengo fuertemente fijado, a lo mejor un día me sueltan de aquí y por fin siento dentro de mí esa increíble emoción que debe ser la de estar allá, adherido a la locomotora, viajando en cabeza, entendiendo realmente cómo funciona la vida desde aquellas alturas. Es lo que hay, lo tomas o lo dejas. Al menos eso es lo que dicen, yo tan solo soy un perno ¿quién soy yo para cambiar las cosas?

 

.jans.

 

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