(17) Buenas noticias

Ese día había comenzado como casi todos los días laborables. Desde primera hora se nota en ocasiones esa pátina de enrarecimiento que recubre la vida. Caras largas en la calle, gente somnolienta, cabizbaja, triste. Discusiones laborales basadas en egos que generalmente impiden dar el brazo a torcer. Ambientes gélidos en lo humano, ambiciones, discordias, ausencia total de empatía. Pero algo en mí sabía que llegarían las buenas noticias.

 

La tendencia actual apunta a que los viajes en el metro se aprovechen para repasar los mensajes en el móvil, para conocer las últimas noticias. La verdad es que cada vez encuentro menos reconfortante leerlas. El último atentado con víctimas, cometido por unos desalmados que en el fondo son de igual modo víctimas. La mayor de las bajezas del género humano representando la comedia política de hoy, nadie del elenco se libra. La madre tierra arrasada por este monstruo que retroalimentamos todos. Tuve que ponerme una canción para arrancar aquel viernes, porque sabía que la música me traería buenas noticias.

 

Pasada la jornada laboral con los altibajos habituales aquella tarde había quedado con unas cuantas amigas. Pronto se difuminan las sombras cuando te pones en brazos de esas almas afines que decoran nuestro vivir. Maravilloso don del ser humano no siempre puesto en valor. Poder intercambiar emociones con gentes diversas, mantener amistades y llenarnos de savia nueva. Las catacumbas de Suiza debieran estar llenas del tesoro que representan las personas en lugar de la maldición que esconden. Conocer gente nueva, legar algo de ti y respirar algo del otro. Esa es una buena noticia.

 

Nos dirigimos al templo cultural con alegría e ilusión, todos con nuestras entradas en la mano. Teatro Campos Elíseos, 23 de Junio, 20:00. Góspel Bilbao. Yo ya había podido disfrutar del grupo en otra ocasión y estaba muy ilusionado de poder ver la evolución del mismo y de que mis amigas se llevasen el mejor sabor de boca. Para mí no es un grupo cualquiera, ya que conozco personalmente a algún miembro y reconozco que siento debilidad por esa humildad que se une a una profesionalidad cada vez mayor. Colas para entrar, mucha gente, sonrisas, saludos. Es lo que tiene jugar en casa, siempre es una buena noticia.

 

La oscuridad total se llena de luz en el instante en el que esas voces se escuchan a lo lejos. Sube el telón y desde ese momento algo va penetrando en nuestro interior. Adoro la música y los instrumentos que maravillosamente nos alegran la existencia, pero considero que la voz es el más puro de ellos. Conecta con lo más profundo de nosotros, nos deja desnudos ante el mundo, como en el alambre sin red. Y aquellas empastadas voces comenzaban a recargar la energía que durante la semana se había disipado en nuestros corazones, nos presentaban sus buenas noticias.

 

Tal y como explica Alain, su director, en un emotivo “speech”, si hubiese una canción que representa la esencia del Góspel sería “Amazing Grace”. La escribió John Newton, un implacable traficante de esclavos que giró su vida completamente hasta llegar a ser pastor protestante. A raíz de una tormenta que casi le lleva al fondo del mar y de su progresivo acercamiento al evangelio, se arrepiente de sus actos y escribe este tema, en el que dice: “solo sé que estaba ciego y que ahora puedo ver”. Creo que este es uno de los instantes clave de la velada. Escuchando esta conocida canción los allí presentes, creyentes de lo uno o de lo otro o no creyentes, nos sentimos unidos. Sentimos que hay luz en la oscuridad, que todo aquello que nos amarga la existencia puede cambiar, que podemos ser mejores. Puede parecer que mi lenguaje es demasiado poético, pero mirar a mi lado y ver ojos llorosos o girar la cabeza y ver la luz en otros rostros, dan fe de que lo que digo es cierto. Se fraguaba poco a poco la buena noticia.

 

Una dulce telonera al piano, la expresiva bailarina que surca el escenario, una traductora de lenguaje de signos para que absolutamente nadie quede fuera. La banda formada por esa bella escala de siete músicos complementa fantásticamente al coro. Esas voces de todos los colores, de todas las edades, con la sonrisa siempre en los labios, con esa humildad y generosidad (puedo dar fe de su generosidad). El maestro de ceremonias coordinando ese restaurante con estrellas para entregarnos lo mejor en cada plato. Cambio de vestuario con túnicas que nos acercan a ese Góspel negro que tanto nos gusta. Buena onda, palmas, público en pie, maravillosa noticia.

 

Afuera el mundo seguía ardiendo entre las llamas de la discordia, la desunión, la desesperanza. Pero en aquel búnker se fraguaba un cambio. La fuerza de la voz humana, de la música, de la expresión corporal, la intención de hacer el bien, de abrazar a tu semejante. La luz, que cada cual la encuentre donde quiera, pura energía. Todo lo que aquella mañana manchaba la vida seguía allí, pero la buena noticia es que estamos vivos y todo puede cambiar. Esa pequeña luz que hay dentro de nosotros puede conseguir que la vida se llene de color.

Gracias por el concierto y vuestras buenas noticias, exactamente eso significa Góspel.

 

.jans.

http://www.gospelbilbao.es/

 

Hace tiempo que tengo en mi recuerdo esta película, que me dejó una grata huella en el corazón. Creo que es el mejor broche que puedo ofrecer a este post. Se trata de “Tierra de Ángeles” (Suecia, 2004; Kay Pollak). Un conocido director de orquesta sufre una afección cardiaca que le lleva a tener que abandonar los grandiosos escenarios y regresa al remoto pueblo en el que nació. El coro de la iglesia le pide ayuda y ahí comienza su propia transformación como persona, encuentra voces y almas que le hacen mejor (esto me suena de algo). Una bellísima película. Además, quede aquí mi pequeño homenaje al protagonista de este filme, Michael Nyqvist, gran actor fallecido este año. Te dejo el tráiler.

 

 

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