(18) Ángeles

Ojos que se abren en la oscura noche. Tan solo la tenue luz invasora de la calle, que entra por el resquicio dejado entre persiana y ventana. Se queda un rato mirando al techo, pensando. En ese tesoro que ha llegado no hace mucho y ha cambiado la vida en aquella casa. Un tesoro tremendamente frágil, tremendamente precioso. Siente miedo, miedo de que pueda ocurrirle algo.

Se levanta despacio, no quiere hacer ruido y despertar a su hermana mayor, que duerme plácidamente en la cama de al lado. Al levantarse mira el cuadro que tiene de frente, colgado en la pared sobre el papel pintado. Alegre payaso que por las noches es más bien fantasmagórico, con esa especie de toga roja, bombín y acordeón. Un clásico en muchas casas de la época. Como los suelos de moqueta, los mueble-bar, incluso esos horribles tapices con bucólicas escenas de bosque y caza. Tiene que moverse con cuidado, pues no queda mucho hueco en la habitación. Con la llegada del pequeño tesoro, esa cama turca que noche tras noche despliegan entre todos antes de acostarse, ocupa el poco espacio que quedaba.

Se acerca con cuidado. El olor es maravilloso, inigualable. Un olor que invita a disfrutar de la ternura. El pequeño bultito que permanece tumbado entre las sábanas no se mueve, como si una fuerza invisible lo mantuviese inmóvil. Ése es el mayor de sus miedos, que le haya ocurrido algo. Que las sombras de la noche se hayan conjurado para eliminar todo el aire del mundo y ese pequeño ser, su hermano, ya no respire. Se acerca lenta y sigilosamente hacia su diminuto rostro. Permanece unos segundos ahí, un tiempo eterno. Llega finalmente ese hálito que retorna la alegría, el “angelito” respira. Respira como si no hubiese males en el mundo, como si la vida consistiese en ese ratito del baño en el que juega y chapotea en el fregadero, donde su madre le introduce provocando las risas de todos. Respira y segrega esa sustancia aromática que de forma casi hipnótica elimina todos los desagradables olores que puedan existir.

De pronto una punzada le aprieta el corazón, le hiela la sangre. Quizás porque haya visto en algún documental, en la enorme tele en blanco y negro que gobierna la salita, esos animales que después de muertos siguen moviéndose, como lagartija partida en dos. Siente que toda su alegría se desmorona y el pánico produce un sudor repentino. Se acerca y coloca la cabeza apoyada sobre el minúsculo pecho, con el oído atento como si tuviese que escuchar una aguja cayendo al suelo de la cocina. Durante un buen rato hay latido, hay respiración, hay vida. El mayor de los alivios le invade y se sienta en la esquina del camastro. No hace mucho que la ciudad se veía invadida por las aguas, pero ellos viven en un barrio alto, como los ángeles, segundo piso. Disfruta de la sensación de seguridad que le ofrece el humilde hogar celestial, y su corte de ángeles. Gira la cabeza y observa a su hermana completamente dormida. El silencio de la calle. Sus padres sin duda descansando en la otra habitación, pues el despertador de platillos y sonido pantagruélico pronto tocará a rebato. Esos padres que trabajan como auténticas mulas, tantas y tantas horas al día. Se pregunta si será capaz de trabajar tanto como ellos cuando sea mayor, si será capaz de ser la mitad que su hermana, la mitad que ellos. También se pregunta si alguna vez su olor fue la mitad del que emana del pequeño bultito que duerme plácidamente; noche de interrogantes, edad de interrogantes.

Vuelve despacio a su cama, ya más tranquilo. Antes de sumirse en los sueños, permanece un instante pensando. El día siguiente es de escuela obligada y como siempre, lo primero que hará esa mujer a la que llaman “seño” será escribir la fecha en la pizarra. No comprende muy bien el concepto de día, mes y en general del tiempo, pero en su cabeza siempre recuerda ese número que aparece a diario en el encerado: 1984.

 

Para ti, pequeño ángel. Que la luminosidad y la sonrisa inunden tu vida.

.jans.

 

Fuiste tú quien me recomendó este gran grupo vizcaíno llamado Shinova, así que más que regalo “Lo que fuimos” sería el agradecimiento por haberlo hecho. El tema me parece fantástico, muy vitalista a pesar de hablar del pasado. Me produce una sensación de esperanza hacia el futuro, que es precisamente lo que te deseo, homenajeado, así como a todo aquel que lea esto en este instante.

https://shinovarock.es/

 

2 comentarios en “(18) Ángeles

  1. Me encanta ,me has teletrasportado a esos años en la casa de mis abuelos, la tv en blanco y negro, el gotelè ,los tupęs y lacas de mis tías, esas antiguas despensas y patios interiores, barrio de trabajadores y una niña con su lápiz haciendo sus tareas de – rubio- como si se le fuese la vida en ello…inocente ella !!

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