(27) De lágrimas y halógenos

La luminosa invitada permanece en el interior de la sala, aunque no tardará mucho en comenzar a anochecer. Las persianas están completamente subidas, permitiendo que toda esa claridad penetre a través de los considerables ventanales. Una mirada al exterior ofrece la visión de dos calles que se cruzan, la principal llena de gente en esta tarde de primavera y la pequeña callejuela hacia la que se orientan estas ventanas, justo en la intersección.

 

El salón es amplio, se podría decir que grande. La sensación se acrecienta con la altura a la que se encuentra el techo, en el que conviven, no sin cierta tensión, una lámpara arácnida clásica de perlas irisadas y un grupo de focos halógenos en el otro extremo. Dos puertas permiten acceder o salir del habitáculo, una en la parte más cercana al ventanal y de acceso a la cocina, la otra, en los dominios de los halógenos, va a dar al pasillo que hilvana el resto de estancias.

 

La araña y sus lágrimas parecen vigilar la robusta mesa redonda de una madera que se presume noble, que tiene colocadas las correspondientes sillas en impecable disposición si tuviese que albergar en ese instante una reunión relevante. En el centro un cuenco de bambú contiene una esfera de material sólido, color coral. Una vela amarilla pretende perfumar el ambiente del dulce aroma de una fruta tropical que podría ser mango, pero hay quien reprocharía que más que refrescar, y en un exceso de intensidad, empalaga. No hay nada más, salvo una ligera capa de polvo.

 

Un detalle consigue que rompamos la secuencia de espionaje en el vistazo. No hay televisor. Y eso inquieta, eso hace que los paradigmas de las disposiciones habituales se nos caigan y volvamos a mirar alrededor, buscando una orientación práctica de los elementos. No hay televisor, definitivamente. Lo más parecido es un ordenador portátil que se mantiene posado sobre el escritorio sencillo, con soporte de cristal y silla de oficina, en ese otro mundo regido por los focos. En este momento está plegado junto a unos cuantos montones de carpetas de diferentes colores, botes de bolígrafos y una impresora. En ese mismo flanco, un mueble de estilo moderno, una librería desde el punto de vista funcional propone una ruta a todo lo que ofrece. La parte superior está repleta de libros sin orden claro. Inquietos ojos podrían toparse, solo en el primer estante con “Jane Eyre”, la trilogía del Baztán, varias obras de Joyce Carol Oates, “El cuidado del bonsái de interior”, “Vestido de Novia”, “La isla del tesoro”, “Minicocina para fiestas” y un álbum ilustrado de Frida Kahlo. En la parte central se reparten el espacio vinilos antiguos y compact discs. Se mezclan las notas de grandes orquestas y conciertos para violín con rock de la era psicodélica y un solitario disco de Miguel Bosé. Todo esto justo encima de esa cadena musical en la que permanece abierta la tapa, con la aguja retirada, donde se ha dejado, quizás olvidado, el “I put a spell on you” de Nina Simone.

 

Fotos, fotos, fotos. ¿Qué sería de un salón sin sus fotos? En este las hay y muchas, agrupadas en diferentes rincones. Por ejemplo, en una alacena al lado de la mesa central se dispersan algunos marcos que contienen sobre todo imágenes en blanco y negro. Matrimonios en casamientos antiguos, niños con poca ropa cerca de un río, padres que cogen la mano de una niña pequeña, bigotes, sombreros, casas de piedra. Nace en otras el color en forma de tonos amarillentos con fondo de papeles pintados, pantalones de campana y camisas de gigantescos cuellos. Nada que ver con las instantáneas que cuelgan en collage cerca de la puerta que da al pasillo. Una chica de rasgos orientales, de largo cabello moreno carcajea ante la cámara. Otra mujer vestida de negro y con gafas. Parece estar en un auditorio y sonríe junto a otros que también van de negro, con el esqueleto de sillas e instrumentos a su espalda. La chica morena en una playa, seguramente remota, con pareo y sombrero de paja. Abundan los planos cortos de la mujer oriental y la que lleva lentes con las cabezas pegadas, en diferentes situaciones, atravesando diferentes tiempos.

 

La zona central de sillones y sofá crea un espacio íntimo no muy grande, cercando una mesita baja de cristal en la que se apilan revistas de decoración pisadas por un cenicero que ha sido utilizado. Sin embargo, llama más la atención una butaca casi pegada a una ventana pequeña, con una lampara de pie que deja su luz justo encima. Al lado un atril con algunas partituras que podrían tener algo que ver con el estuche apoyado sobre la pared. Parece ser de violín o instrumento de cuerda pequeño.

 

En las paredes y algunos rincones se esparcen curiosos objetos, sujetos quizás a estándares artísticos, en su gran mayoría de estética tribal o selvática, con la naturaleza siempre latente. Pero es ese gran lienzo, colgado en la pared de cara a la mesa de centro en los dominios de las irisadas lágrimas, el que puede llevarse gran parte de la atención de cualesquiera ojos. Una composición fotográfica en fondo de tonos grises que contrasta con el luminoso blanco del vestido de esas dos mujeres que se besan a ojos cerrados, con los labios conformando un carnoso bocado. Ese lienzo tan grande, y tan bello dirían muchos, ubicado en la mejor zona de la estancia, parece haber sido colocado con la ilusión de quien quiere enorgullecerse de lo que es, de todo lo que atesora, de mostrar su hogar.

 

.jans.

 

P.D: querido ser, que tienes a bien leer las letras que este humilde aprendiz garabatea. Te trasmito una y mil veces más mi más sincero agradecimiento. Estoy inmerso en proyectos varios (aunque no dejo de escribir) por lo que mis aportaciones a este blog se han visto reducidas. Prometo enmienda, prometo más textos, incluso prometo… Además habrás observado, si me sigues desde el comienzo, que el propio camino guió los designios y este espacio se ha convertido ya de forma exclusiva en el lugar en el que publicar esos trocitos de texto que de vez en cuando me surgen. Recordarte que me tienes en la cuenta de Facebook donde comparto casi a diario contenidos relacionados con la música, el arte, literatura, temas sociales o cualquier cosa que a un ser querido le sirva para dar empujoncitos a sus proyectos (si quieres que comparta en la red alguna cosita, solo tienes que silbarme). Un abrazo

4 comentarios en “(27) De lágrimas y halógenos

  1. Hola!

    No conozco la version de Nina Simone. Tendré que escucharla :).

    Felicidades por volver a escribir en el blog!
    Un saludo.

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