(4) El relevo

Cae otro más, y ya son unos cuantos.

La prometedora adolescente primavera pide su oportunidad y este invierno poco a poco le va dando paso. El viejo invierno, con la simpatía y ternura que producen las arrugas de un abuelo, le abre la puerta con sonrisa, con afecto. Como si estuviese viendo la escena… “Pasa hija, te preparo un caldito para que cojas fuerzas, que tienes un largo viaje. Tendrás que abrigarte porque el tiempo es aún engañoso.”

Sabe que sus días están contados y asume ese fin con la sabiduría que otorga la plata que el tiempo ha tejido en su pelo. Sabe que ese es el ciclo de la vida, que esos brillantes y primaverales ojos de esta chiquilla son el futuro, son de hecho el presente. Siente un profundo orgullo porque deja su legado, ha tenido que ser así y las cosas aún son duras, falta luz y la calidez llegará a sorbitos. Pero él ha dado lo mejor, lo ha dado todo.

 

En la agradable temperatura del día de hoy pienso en este venerable anciano que pronto nos dejará, y en la dureza del papel que le ha tocado representar en “la gran obra”.

Razonamientos de base científica aparte, yo confieso que me fastidia esa falta de comprensión con mi querido amigo. Tendemos a asociar la luz, el calor, las estampas playeras y las noches más largas con la “felicidad” (ufff, ¡palabra trampa! No tengo claro que citar reiterativamente y buscar esa palabra con denodado esfuerzo nos lleve hacia algún lado…)

Y lo cierto es que todo lo luminoso es genial pero el frío, la lluvia, la oscuridad, la melancolía y la tristeza (si, confieso que mi espíritu defensor de causas perdidas me ha hecho siempre admirar más a “Tristi” que a “Feli”) son parte importante de la vida.

Yo no quiero desterrar todo ese mundo de sombra de mi existencia, me gustaría poder aceptar todo ese mare-magnum, controlarlo en cierta medida, quererlo como parte de este regalo llamado “vida”.

Aceptarlo como acepta el anciano invierno su papel, como acepta el poeta que el sentimiento hecho palabra surge de igual forma en los frescos perfumes de una noche de verano que en la herida que se sufre en la soledad de una tarde de lluvia.

 

Yo te quiero, anciano amigo. Y quiero despedirte con cariño, con este humilde homenaje.

La pequeña revolución primaveral ya llega con toda su luz.

Ha sido genial “vivirte”.

 

.jans.

 

Te quiero dejar estas 3 canciones que mi enrevesado espíritu se atreve a catalogar como “de invierno”. No le busques explicación, pues no creo que la tenga. Si así lo consideras, escúchalas. A mi me encantan y han producido muchas emociones en esta estación que se despide.

 

Depedro y Vetusta Morla, Diciembre

 

The Jayhawks, All the Right Reasons

 

Ray LaMontagne And The Pariah Dogs, “New York City’s Killing Me

 

2 comentarios en “(4) El relevo

  1. Depedro y Vetusta Morla juntos, genial!!! que más se puede pedir? Eso no da, contra todo pronóstico, un diciembre, cálido, luminoso y feliz.

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